Vuelta a la rutina después de las vacaciones: 10 claves para una mejor adaptación
Terminan las vacaciones y vuelven los horarios, el despertador, el trabajo, el colegio, las actividades y las obligaciones. Después de unas semanas en las que hemos cambiado nuestros ritmos y disfrutado de una mayor libertad, es normal que los primeros días de septiembre nos cueste recuperar la rutina.
En ocasiones hablamos de “síndrome postvacacional” para referirnos al cansancio, la desgana, la irritabilidad, las dificultades para concentrarnos o esa sensación de que todo cuesta un poco más. Sin embargo, en la mayoría de los casos no estamos ante un trastorno psicológico, sino ante un periodo normal de adaptación.
Nuestro organismo y nuestra mente necesitan reajustarse a nuevos horarios, demandas y responsabilidades. Y esto ocurre tanto en adultos que regresan al trabajo como en niños y adolescentes que vuelven al colegio o al instituto. La buena noticia es que podemos facilitar ese proceso.
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No pretendas pasar de cero a cien
Uno de los errores más habituales es querer recuperar inmediatamente el ritmo que teníamos antes de las vacaciones.
Los primeros días conviene establecer prioridades, organizar las tareas y asumir que probablemente necesitaremos un pequeño periodo de adaptación. Si es posible, puede ser útil dejar para más adelante aquellas tareas que no sean urgentes y evitar llenar nuestra agenda desde el primer momento.
Con los niños ocurre algo parecido: comenzar el colegio no significa que esa misma semana debamos recuperar de golpe todas las actividades extraescolares y obligaciones.
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Recupera los horarios, especialmente el sueño
Durante las vacaciones solemos acostarnos y levantarnos más tarde, modificamos los horarios de las comidas y nuestras rutinas se vuelven más flexibles.
El sueño es uno de los aspectos que más puede influir en cómo afrontamos la vuelta. Dormir poco o mal aumenta el cansancio, dificulta la concentración y puede hacernos más irritables.
Lo ideal es recuperar progresivamente unos horarios regulares de sueño y vigilia. En niños y adolescentes este aspecto resulta especialmente importante, ya que necesitan volver a acostumbrarse a madrugar y mantener una cantidad suficiente de horas de descanso.
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Cuidado con anticipar todo lo negativo
Antes de volver al trabajo podemos empezar a pensar en los correos acumulados, las tareas pendientes, los problemas que dejamos antes de marcharnos o todo lo que tendremos que afrontar durante los próximos meses.
Los niños también pueden anticipar dificultades: “el curso va a ser muy difícil”, “no sé con quién me va a tocar”, “seguro que no voy a poder” …
No se trata de obligarnos a pensar en positivo, sino de intentar mantener un pensamiento más realista y centrado en el presente. En lugar de enfrentarnos mentalmente a todo el curso o a todo el año laboral, resulta mucho más manejable centrarnos en lo que tenemos que hacer hoy o durante esta semana.
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Mantén espacios agradables en tu día a día
Volver a la rutina no debería significar que desaparezcan todas las actividades que nos producen bienestar. Hacer ejercicio, pasear, leer, escuchar música, quedar con amigos, disfrutar de la familia o simplemente disponer de un rato para nosotros mismos ayuda a mantener un equilibrio entre obligaciones y actividades gratificantes.
También es importante transmitir esta idea a los niños: terminar las vacaciones no significa que termine la diversión.
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Cuida cómo hablamos de la vuelta delante de los niños
Los adultos somos un importante modelo para nuestros hijos. Si durante los días previos repetimos constantemente frases como “qué horror, mañana otra vez a trabajar”, “se acabó lo bueno” o “ahora empieza lo peor”, no debería sorprendernos que ellos vivan la vuelta al colegio de manera negativa.
Podemos reconocer que cuesta volver a madrugar o que echaremos de menos las vacaciones sin convertir el regreso a la rutina en una catástrofe. Además, el comienzo del curso también puede presentarse como una oportunidad para reencontrarse con compañeros, aprender cosas nuevas y recuperar actividades que les gustan.
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Organiza, pero sin intentar controlarlo todo
Una cierta planificación disminuye la sensación de caos. Preparar con antelación el material escolar, organizar la ropa, revisar horarios, establecer las actividades de la semana o realizar una lista de tareas pendientes puede ayudarnos a recuperar sensación de control.
Pero organizar no significa llenar cada minuto de nuestro día. Una agenda excesivamente exigente puede conseguir precisamente lo contrario: aumentar nuestra sensación de estrés.
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Recupera hábitos saludables
Las vacaciones también suelen modificar nuestros hábitos de alimentación y actividad física. Recuperar una alimentación equilibrada, realizar ejercicio de forma regular, reducir progresivamente los excesos propios del verano y mantener unos horarios razonablemente estables contribuye a mejorar tanto nuestro estado físico como psicológico.
No necesitamos iniciar septiembre con grandes propósitos ni transformaciones radicales. Los pequeños cambios que podemos mantener en el tiempo suelen resultar mucho más útiles.
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Date tiempo para recuperar el ritmo
Cada persona necesita un periodo diferente para adaptarse. Hay quienes recuperan rápidamente sus rutinas y quienes necesitan algunos días más. También los niños son diferentes: algunos esperan con ilusión la vuelta al colegio mientras que otros pueden mostrarse más nerviosos, irritables o necesitar más acompañamiento.
Compararnos con los demás o exigirnos encontrarnos perfectamente desde el primer día añade una presión innecesaria. El objetivo no es volver inmediatamente a nuestro máximo rendimiento, sino recuperar progresivamente nuestro ritmo habitual.
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Aprende a distinguir una adaptación normal de un problema que necesita atención
El malestar asociado a la vuelta suele ser transitorio y disminuir conforme recuperamos nuestras rutinas. Sin embargo, conviene prestar atención cuando la ansiedad, la tristeza, el insomnio, la irritabilidad o los síntomas físicos son intensos, interfieren significativamente en nuestra vida cotidiana o se mantienen durante varias semanas.
En los menores debemos observar especialmente situaciones como un rechazo escolar persistente, ansiedad intensa ante la separación, alteraciones importantes del sueño, síntomas físicos frecuentes antes de acudir al colegio o cambios significativos en su comportamiento.
En estos casos puede ser conveniente valorar qué está ocurriendo, porque quizá no estemos simplemente ante una dificultad para terminar las vacaciones.
Volver también puede ser una oportunidad
Septiembre suele asociarse al final del verano, pero también supone el comienzo de una nueva etapa. Volvemos a encontrarnos con compañeros, retomamos proyectos, recuperamos actividades y podemos revisar algunos de nuestros hábitos. No necesitamos comenzar el curso con una larga lista de propósitos ni exigirnos que todo funcione perfectamente desde el primer día.
En la mayoría de los casos, unos horarios progresivos, expectativas realistas, descanso suficiente y mantener espacios agradables dentro de nuestra rutina son suficientes para facilitar la adaptación.
Y si el malestar persiste o empieza a interferir de manera importante en nuestra vida personal, familiar, escolar o laboral, puede ser un buen momento para consultar con un profesional de la psicología.
César Lázaro
Psicólogo General Sanitario





